Una reflexión sobre la transición a la vida civil, el valor de la experiencia militar y la responsabilidad de construir nuevas oportunidades para los veteranos.
Juan Javier Ramírez Triviño
Mayor (r) del Ejército Nacional de Colombia
Veterano de la Fuerza Pública
REAL, Capítulo Colombia | Proyecto Decidir para Proteger
Cuando termina el servicio, comienza otro desafío
Después de dedicar buena parte de mi vida al Ejército Nacional de Colombia, comprendí que uno de los desafíos más importantes para un militar puede aparecer después del servicio: cuando llega el retiro y debemos encontrar nuestro lugar en una sociedad que ha seguido cambiando mientras cumplíamos nuestra misión.
Durante la carrera militar aprendemos a liderar personas, administrar recursos, enfrentar situaciones difíciles y tomar decisiones en condiciones de incertidumbre. También construimos una identidad profundamente vinculada al uniforme, a nuestros compañeros y al sentido de pertenencia institucional.
Cuando esa etapa termina, nos encontramos ante una realidad diferente. El grado militar adquiere otro significado fuera de la institución y las relaciones profesionales que construimos durante años no siempre corresponden con las exigencias del entorno civil.
Surgen entonces preguntas que cada uno debe aprender a responder: ¿qué puedo hacer ahora?, ¿cómo puedo aprovechar mi experiencia?, ¿qué debo aprender para continuar siendo competitivo?
Con el tiempo comprendí que la transición exige más que encontrar un empleo. Implica reconocer nuestras capacidades, adaptarnos a nuevos entornos y construir un proyecto de vida con objetivos propios.
Hemos dedicado años a prepararnos para cumplir una misión, pero no siempre dedicamos el mismo esfuerzo a prepararnos para la vida que viene después.
La experiencia tiene valor, pero debemos aprender a comunicarlo
Durante mi trayectoria militar y, posteriormente, en el sector privado, he trabajado en seguridad corporativa, gestión de riesgos, logística, operaciones y protección de infraestructura crítica. Esa experiencia me ha permitido reconocer que muchas capacidades desarrolladas durante el servicio pueden aplicarse en diferentes sectores productivos.
Un militar que ha coordinado operaciones conoce la importancia de planificar y administrar recursos. Quien ha tenido responsabilidades de mando ha desarrollado habilidades para dirigir personas, resolver problemas y asumir decisiones complejas.
Sin embargo, poseer esas competencias no garantiza que una empresa las reconozca.
En el sector civil debemos aprender a explicar qué sabemos hacer, cuáles han sido nuestras responsabilidades y de qué manera podemos aportar valor a una organización. El lenguaje que utilizamos, la forma de presentar nuestra trayectoria y nuestra capacidad de demostrar resultados influyen en las oportunidades que podemos construir.
También debemos reconocer que la experiencia militar no reemplaza necesariamente los requisitos académicos o técnicos exigidos para determinadas ocupaciones. En ocasiones será indispensable actualizar conocimientos, obtener certificaciones o desarrollar nuevas habilidades.
Desde mi experiencia, uno de los mayores riesgos de la transición es llegar al retiro sin haber identificado nuestras capacidades transferibles, sin relaciones profesionales fuera de la institución y sin un plan realista para la siguiente etapa.
Esta preocupación fue uno de los puntos de partida del proyecto que venimos desarrollando desde REAL, Capítulo Colombia.
Decidir para Proteger: una propuesta que nace de una necesidad real
Desde la Red de Expertos y Analistas Latinoamericanos (REAL), Capítulo Colombia, hemos venido estructurando una iniciativa orientada al aprovechamiento de las capacidades de los veteranos y retirados de las Fuerzas Armadas.
El proyecto Decidir para Proteger parte de una convicción que he fortalecido a lo largo de mi experiencia: prepararnos permite tomar mejores decisiones y afrontar con mayor claridad las situaciones que pueden afectar nuestro futuro.
En la estructuración inicial de la propuesta hemos identificado asuntos que merecen atención: la dificultad para traducir la experiencia militar al lenguaje profesional civil, la necesidad de orientar nuestras capacidades hacia objetivos concretos, las limitaciones en las redes de relacionamiento y la preparación tardía para el retiro.
Estas condiciones no afectan a todos por igual. Las necesidades varían según la trayectoria, la formación, las circunstancias personales y las aspiraciones de cada veterano.
Por eso estamos diseñando una propuesta que articula formación, orientación profesional y construcción de comunidad.
Uno de sus componentes previstos es un diplomado de transición y activación profesional, concebido para que los participantes puedan reconocer sus fortalezas, identificar competencias transferibles, mejorar su presentación profesional, utilizar herramientas digitales y construir un plan de acción a noventa días.
La intención es que este proceso pueda tener continuidad mediante una comunidad que facilite el intercambio de experiencias, el acompañamiento y la identificación de oportunidades.
El proyecto se encuentra en desarrollo. Su verdadero valor dependerá de nuestra capacidad para convertir esta propuesta en actividades concretas, ejecutables y útiles para quienes participen.
El valor de nuestra experiencia está en lo que podemos seguir aportando
Cuando hablamos del potencial de los veteranos, solemos mencionar liderazgo, disciplina y compromiso. Son cualidades importantes, pero cada persona posee conocimientos y capacidades que van mucho más allá de esas características.
Algunos cuentan con experiencia técnica, administrativa o logística; otros han desarrollado competencias docentes, tecnológicas o de gestión. También existen quienes descubren nuevas vocaciones después del retiro.
Por eso considero equivocado asumir que todos los veteranos debemos trabajar en seguridad privada o en actividades directamente relacionadas con nuestra antigua profesión.
Las oportunidades también pueden encontrarse en la industria, la educación, el emprendimiento, la gestión de proyectos y las iniciativas sociales o humanitarias. Lo fundamental es reconocer qué podemos aportar, qué necesitamos aprender y cómo conectar nuestra experiencia con necesidades reales.
En mi caso, la experiencia militar fue una base fundamental para continuar desarrollándome profesionalmente. Sin embargo, también he tenido que adaptarme a nuevas organizaciones, fortalecer conocimientos y comprender que el reconocimiento en el sector civil se construye mediante resultados.
Ese aprendizaje me ha llevado a valorar especialmente la formación continua y las relaciones profesionales.
Una comunidad de veteranos puede convertirse en un espacio donde las experiencias compartidas ayuden a orientar decisiones, resolver dificultades y generar oportunidades. Para lograrlo, necesitamos participación, compromiso y disposición para compartir lo aprendido.
Una responsabilidad compartida con nuestro futuro
Como veterano del Ejército Nacional de Colombia, siento orgullo por mi carrera militar y por haber tenido la oportunidad de servir.
También considero que nuestro compromiso con el país puede continuar de diferentes maneras: compartiendo conocimientos, orientando a quienes se aproximan al retiro y participando en proyectos que beneficien a nuestras comunidades.
Pero esa posibilidad exige iniciativa personal.
El reconocimiento de nuestra trayectoria es legítimo. Sin embargo, debemos acompañarlo de preparación, actualización profesional y capacidad para responder a las necesidades actuales de la sociedad.
A quienes todavía se encuentran en servicio activo, les recomendaría comenzar a preparar su transición con anticipación. A quienes ya somos veteranos, nos corresponde reconocer que siempre podemos aprender, revisar nuestros objetivos y construir nuevas relaciones profesionales.
Desde Decidir para Proteger queremos contribuir a ese propósito, con responsabilidad y sin generar expectativas que todavía no podamos cumplir. Nuestro desafío será convertir la propuesta en acciones ejecutables y demostrar que estas producen resultados.
He aprendido que el retiro cambia nuestras responsabilidades y los entornos donde desarrollamos nuestra vida profesional, pero los conocimientos adquiridos y las experiencias vividas pueden seguir siendo útiles si sabemos reconocerlos, actualizarlos y ponerlos al servicio de nuevos propósitos.
Como veterano, hay una convicción personal que quisiera compartir:
Durante años nos preparamos para proteger a otros; hoy también tenemos la responsabilidad de prepararnos para nuestro propio futuro y contribuir a que otros veteranos puedan hacerlo.
Haber dejado el uniforme no significa que nuestra capacidad de servir, aprender y aportar haya terminado. Tenemos ante nosotros la posibilidad de construir una nueva etapa, aprovechando todo lo que nuestra experiencia nos ha enseñado.
