Colombia atraviesa días de duelo, atención y recuperación después del sismo ocurrido el 10 de agosto. La prioridad continúa siendo proteger la vida, acompañar a las comunidades afectadas y avanzar en la evaluación y recuperación de los territorios.
Esta reflexión no pretende calificar la respuesta de las autoridades, las organizaciones o las personas involucradas. Tampoco busca convertir una tragedia en un caso de estudio. El evento, sin embargo, vuelve visible una realidad que las organizaciones públicas y privadas no deberían ignorar:
Una interrupción puede comprometer simultáneamente personas, instalaciones, servicios, comunicaciones, proveedores y capacidad de decisión.
Cuando esto ocurre, reconocer que los recursos disponibles dejaron de ser suficientes puede resultar tan importante como detectar la novedad inicial.
El tiempo también interviene en la respuesta
Imagine una situación operacional.
Una condición cambia. La novedad es detectada y alguien la informa. El equipo comienza a revisar lo sucedido, solicita datos y trata de controlar el escenario con los recursos disponibles.
Al principio, la situación parece manejable. Nadie quiere reaccionar de manera exagerada, generar una alarma innecesaria o elevar información que todavía no ha sido confirmada. Por eso, mientras se busca mayor certeza, la situación permanece en el mismo nivel de atención; sin embargo, el escenario continúa evolucionando. Cuando finalmente se solicita apoyo, el margen de actuación puede ser menor. Algunas decisiones ya no están disponibles, la coordinación resulta más compleja y las consecuencias pueden ser más difíciles de contener.
El retraso no siempre ocurre porque una organización desconozca lo que está pasando, también puede producirse porque nadie ha definido con claridad cuándo la capacidad disponible dejó de ser suficiente.
Una interrupción no afecta un solo proceso
Ante un sismo u otro evento disruptivo, la primera prioridad es la protección de las personas. Pero la continuidad de una organización depende de varias capacidades que pueden verse afectadas al mismo tiempo.
Una sede puede permanecer en pie y, aun así, no estar disponible para operar; puede ser necesario evacuar, restringir el acceso, realizar una evaluación estructural o suspender temporalmente actividades. También pueden presentarse fallas de energía, agua, telecomunicaciones, sistemas tecnológicos o servicios esenciales.
La afectación puede extenderse a trabajadores que no logran desplazarse, proveedores que suspenden entregas, contratistas que no pueden ingresar, rutas que dejan de estar disponibles o centros logísticos que necesitan modificar su operación.
En materia de seguridad, una evacuación o un cierre temporal puede alterar controles de acceso, vigilancia, comunicaciones, custodia de activos y capacidad de reacción. Al mismo tiempo, los equipos responsables deben proteger a las personas, mantener la trazabilidad de las decisiones y evitar que la urgencia produzca nuevas exposiciones.
La continuidad del negocio no depende exclusivamente de recuperar una instalación; también exige comprender las interdependencias que permiten sostener la operación.
Escalar no significa trasladar el problema
En algunas organizaciones, solicitar apoyo puede interpretarse como una pérdida de control, falta de experiencia o incapacidad para resolver. Esa percepción puede retrasar decisiones necesarias; escalar no significa entregar un problema y desentenderse de él, tampoco implica activar automáticamente una estructura de crisis.
Escalar significa reconocer que una situación requiere algo que el nivel actual no posee: mayor autoridad, conocimiento especializado, recursos adicionales, coordinación entre áreas o capacidad para asumir impactos que exceden su responsabilidad.
Quien escala oportunamente no está renunciando a su función. Está protegiendo la posibilidad de actuar antes de que la situación se deteriore. Por el contrario, intentar sostener un escenario más allá de la capacidad disponible puede generar demoras, comunicaciones fragmentadas y pérdida de trazabilidad.
Por qué una organización puede escalar tarde
El escalamiento tardío rara vez tiene una sola causa; una primera dificultad aparece cuando no existen criterios comprensibles. Las personas saben que deben pedir apoyo ante una situación grave, pero nadie ha definido qué significa “grave” para esa operación.
También puede existir la expectativa de informar únicamente cuando todos los datos estén confirmados, el problema es que algunas condiciones evolucionan más rápido de lo que tarda la organización en alcanzar certeza. Otro obstáculo es la falta de claridad sobre la autoridad. Una persona puede comprender que la situación requiere una decisión superior, pero no saber quién debe tomarla, cómo contactarla o qué hacer si no está disponible.
La cultura organizacional también influye, cuando quienes comunican una preocupación son cuestionados por interrumpir, generar ruido o reaccionar demasiado pronto, el equipo aprende a esperar. Esa espera puede normalizar el silencio.
Finalmente, algunas rutas dependen de una sola persona. Si el responsable principal no responde y no existe una autoridad alterna, el flujo de información y decisión puede detenerse en el momento en que más se necesita.
Cuatro criterios para reconocer cuándo escalar
No es posible anticipar todos los escenarios. Sí es posible establecer criterios que ayuden a determinar cuándo se requiere apoyo.
1. Impacto potencial
La evaluación no debería limitarse al daño que ya ocurrió, también debe considerar lo que podría verse afectado si la situación continúa: personas, activos, información, ambiente, operación, cadena de suministro, reputación o continuidad del servicio. Una novedad aparentemente menor puede requerir escalamiento si tiene capacidad de extenderse hacia procesos críticos.
2. Velocidad de evolución
Algunas situaciones permiten observar, confirmar y decidir con tiempo. Otras cambian rápidamente y reducen el margen disponible para actuar. La velocidad importa porque determina cuánto puede esperar la organización antes de involucrar capacidades adicionales.
No siempre es necesario conocer toda la dimensión del problema. Reconocer que está evolucionando con rapidez puede ser información suficiente para solicitar apoyo.
3. Capacidad disponible
El equipo debe preguntarse si cuenta con la autoridad, el conocimiento, los recursos y la coordinación necesarios para manejar la situación; la respuesta no puede depender solamente de la confianza individual. Una persona competente también necesita reconocer los límites de su función. Si la actuación requerida supera esos límites, solicitar apoyo se convierte en una medida de control.
4. Interdependencia
Una situación puede comenzar en un área y afectar rápidamente a otras. Operaciones, seguridad, tecnología, logística, comunicaciones, asuntos legales, talento humano y dirección pueden necesitar actuar de manera coordinada.
Cuando una novedad deja de pertenecer a un solo proceso, mantenerla dentro de una única área puede producir respuestas parciales o contradictorias.
Escalar también exige comunicar bien
Solicitar apoyo no consiste únicamente en enviar una alerta. Un escalamiento útil debe permitir que quien recibe la información comprenda qué ocurre, qué se ha hecho y qué se necesita.
Como mínimo, debería comunicar qué cambió; qué información está confirmada; qué permanece por validar; cuál podría ser el impacto; qué acciones se han realizado; qué capacidad fue superada; qué apoyo o decisión se requiere; cuánto tiempo existe para actuar.
No siempre será posible responder todas estas preguntas, lo importante es diferenciar los hechos confirmados, la interpretación y la incertidumbre. Comunicar “esto sabemos, esto todavía no y esto necesitamos” puede resultar más útil que retrasar el reporte mientras se intenta construir una certeza que la situación aún no permite.
Decisiones que deben estar claras antes de la interrupción
Un evento de alto impacto puede obligar a resolver preguntas que no deberían aparecer por primera vez durante la urgencia:
-
¿Quién puede ordenar una evacuación o suspender actividades?
-
¿Quién determina si una instalación puede volver a ocuparse?
-
¿Cuándo debe activarse el plan de continuidad?
-
¿Qué procesos necesitan recuperarse primero?
-
¿Quién contacta a trabajadores, contratistas y proveedores?
-
¿Qué área comunica la situación a clientes y partes interesadas?
-
¿Quién autoriza el traslado hacia una operación alterna?
-
¿Qué ocurre cuando falla el canal principal de comunicación?
-
¿Quién reemplaza al responsable si no está disponible?
Estas decisiones no pueden depender únicamente de que el documento exista. Las personas necesitan conocer su responsabilidad, los límites de su autoridad y la ruta que deben utilizar cuando la situación supera su capacidad.
La responsabilidad del liderazgo
Un sistema de escalamiento no funciona solamente porque esté documentado. También necesita líderes que permitan comunicar señales tempranas sin castigar a quien plantea una preocupación razonable, si cada reporte genera cuestionamientos sobre por qué se interrumpió, por qué no se resolvió primero o por qué se informó sin contar con todos los datos, las personas comenzarán a esperar.
Con el tiempo, las novedades llegarán a los responsables cuando ya se hayan convertido en problemas mayores. El liderazgo debe diferenciar una alerta sin fundamento de una comunicación preventiva realizada con criterio; también debe aclarar qué puede decidir cada nivel, cuándo se requiere apoyo y qué sucede si la persona autorizada no está disponible.
Transmitir confianza no significa aparentar certeza. Un líder puede comunicar con responsabilidad esto es lo que sabemos, es lo que todavía necesitamos confirmar, es el siguiente paso, es la decisión que necesitamos. La claridad reduce interpretaciones individuales y permite coordinar la respuesta aun cuando la información sea incompleta.
Una conversación para tener cuando la operación está estable
La mejor oportunidad para revisar el escalamiento es antes de necesitarlo.
Un equipo puede comenzar con preguntas sencillas:
-
¿Qué condiciones requieren información inmediata?
-
¿Qué criterios indican que nuestra capacidad fue superada?
-
¿Quién recibe y analiza el escalamiento?
-
¿Qué puede decidir cada nivel?
-
¿Quién reemplaza al responsable cuando no está disponible?
-
¿Qué información mínima debe comunicarse?
-
¿Cómo se mantiene la trazabilidad de las decisiones?
-
¿Las personas pueden pedir apoyo sin esperar información perfecta?
-
¿Las rutas definidas han sido probadas mediante ejercicios?
Las respuestas deben estar documentadas, pero también necesitan ser comprendidas y practicables; una ruta puede parecer clara en el procedimiento y mostrar vacíos cuando se utiliza bajo presión.
Escalar a tiempo protege la capacidad de decidir
Ninguna organización puede eliminar completamente la incertidumbre ni preparar una respuesta específica para cada situación.
Sí puede reducir las dudas que dependen de su propia gestión; puede establecer criterios, definir niveles de autoridad, preparar rutas alternas, reconocer interdependencias y crear una cultura en la que solicitar apoyo oportunamente sea entendido como una acción responsable.
Una organización madura no es aquella en la que todo se resuelve en el primer nivel, es aquella que reconoce a tiempo cuándo ese nivel dejó de ser suficiente; porque el escalamiento no comienza cuando una situación se convierte en crisis, comienza cuando alguien identifica que la capacidad disponible puede no alcanzar y decide comunicarlo antes de perder el margen para actuar.
¿Qué suele retrasar más el escalamiento en una organización: la falta de criterios, la cultura o la autoridad?
Fuentes institucionales de consulta:
Servicio Geológico Colombiano. Información y consulta de sismos: https://www.sgc.gov.co/sismos
Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres: https://portal.gestiondelriesgo.gov.co/